miércoles, 19 de septiembre de 2007

como ahora


Yo me fui como ahora me voy. Me fui más aparatosamente que ahora que abro la laptop y me pongo a pensar en cosas que nada tienen que ver con esta clase de estrategias educativas, que nada tiene que ver con nada de lo que creí que tenía que ver.
No sé cuántas veces ya he tenido que soportar el por qué, la pregunta que desnuda pedazos de una historia aparentemente inconexa. Y otras tantas disfrutarla, porque hay veces en que la pregunta es lanzada desde unos ojos que aguardan ansiosos una razón más para comprender sus ganas de irse de donde siempre han estado.
Hace ocho años me fui por última vez. He emprendido huidas temporales y desesperadas desde entonces, pequeños respiros necesarios para sobrevivir a la permanencia.
Cuando recién llegué y no conocía de esta ciudad más que algunas cuadras inconexas, tomé el carro y manejé siguiendo la brújula de mi llavero, desesperado, con mis agujas puestas en el sur, manejando por calles y carreteras, llegando incluso a pagar un peaje que no tenía contemplado y pidiendo limosna en una gasolinera para pagar el regreso, triste y frustrante, vacío como me pensaba aquella tarde en que se largó una lluvia que no paró hasta dos días después y que lo mojó todo.

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