jueves, 20 de septiembre de 2007

la llamada




Anoche me llamaron. De casa, digo. La radio digital. Inmediatez con todo lo que conlleva. Y entiendo, no es fácil para nadie. Un pedazo de tecnología a tu servicio desarticula el presente lejano que para el que llama es incomprensible. Como es incomprensible para el que contesta, ese presente lejano del que llama. Sesenta minutos de diálogo en el que cada una de las partes argumentaba una realidad que del otro lado del satélite no tiene referentes cotidianos, nada sino un leve sabor a mal sueño, a déjà vu infantil.
Lo que extraño de allá es algo que ya no existe. Y ya no existe porque el yo que se fue, presagiando la nostalgia a la que se acostumbraría más tarde que temprano, tampoco existe ya. Soy un cúmulo de miedos y tristezas; y contadas alegrías que me sostienen cuando la vida descalifica.
La llamada de allá suele ser un espejo del pasado. Una caricatura torpe del que intentaba ser entonces, sin éxito. Y por lo tanto me pone triste, a veces. Otras me enoja conmigo y lo que todavía conservo de mis días funestos, de los fines de semana en vela y en angustia, de los días laborales que pasaba ausente y sin rumbo, cuando lo único que tenía de universitario era el carnet y la tarifa especial en los micros.
El recuerdo de la nostalgia se delata como la nostalgia misma. Como mi mirada de reojo y el impulso delator cuando alguien prende un cigarro a eso de las cinco y media. Como ir por la calle pensando en ella, después de tanto. Y sonreír.

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