sábado, 29 de septiembre de 2007

vehículo


Me gustan las mañanas. Las mañanas de fin de semana en que uno se levanta inocente de todas las faltas de los padres primeros y por ende no hay que salir corriendo al encuentro de la tarjeta de asistencia. En esas mañanas amanece desde mi ventana, con el mate en la mano. Me pego a la computadora y escribo, y escribo. Internet deja de ser una herramienta y se vuelve un juguete. Y como en las mañanas de fines de semana cuando el jardín de cabo blanco o de teniente chabrier constituían los límites de mi mundo, es menester desordenar las ideas y los juguetes y esperar a que ese mínimo caos me dicte la línea a seguir, sólo porque de pronto es verano y los días de verano deambulan lentamente ante unos ojos apenas a metro y diez del suelo.
Un verano, mi hermano Miguel y yo, al pie de la cordillera, lejos de casa y lo que hasta ese momento había sido nuestra infancia, dedicamos muchas de esas mañanas a la construcción de un artefacto de cuatro ruedas y volante. Cada mañana transcurría como una jornada eterna en la que nuestra máquina variaba de forma y se acercaba cada vez más a lo que Miguel y yo entendíamos por vehículo.
Una tarde ante el asombro de todos los del barrio, e incluso el nuestro, sentenciamos la finalización del proceso. Conseguimos un piloto para la prueba, mucho más pequeño y delgado que nosotros, y nos instalamos en la calle, en la que más que vivir esperábamos, (una calle a medio pavimentar en la comuna de La Florida) y pasamos el resto del día haciendo funcionar nuestra creación, que iba dejando pedazos en la ruta, pedazos sin importancia, adornos agregados en pos de la estética al principio y partes vitales, más tarde. Consumimos, literalmente, el producto de nuestro verano. Durante las pocas horas de vida de nuestro vehículo, Miguel y yo fuimos observados con reverencia por los mirones que hasta entonces habían asegurado que nunca llegaría aquel día, que abandonaríamos el proyecto antes de llegar a puerto.
Esa no fue ni la primera ni la última ocurrencia a la que Miguel y yo le dimos vida. Sin embargo, con el paso del tiempo, cada uno se fue interesando en proyectos un poco más personales, más individuales tal vez, dejando pedazos en la ruta. Y no hemos vuelto a construir nada juntos, desde aquella época.
Pero me gustan estas mañanas. Me gustan porque me acuerdo de Miguel y de mí, de los que fuimos en el jardín de cabo blanco, de teniente chabrier, al pie de la cordillera y en tantos otros lugares que a mí ahora se me resbalan de la memoria. Me gustan, también, porque ahora, en estas mañanas, nos mandamos una alerta al Nextel. Y él, a veces, me pide que revise unas cuestiones en Internet porque están en inglés, aunque sepa que no lo voy a hacer enseguida. Y yo le pido, a veces, que saque unas fotos de Lima y me las mande, aunque sé que se le va a olvidar o que no va a encontrar el tiempo para hacerlo. Me gustan porque sentado frente al monitor y a la ventana, a tantos años y kilómetros de distancia, me parece estarlo viendo, mirando pasar nuestro vehículo frente a nosotros y alejarse sobre el tramo sin pavimentar de esa calle del sur. Y agarrarme del mate bien fuerte, para no perder de vista la imagen del torpedo que pasa ante los dos y que ahora me transporta a otras lejanías. Y pensar que es posible que al Miguel de ahora también lo transporte a saber dónde. Sin duda, nuestro concepto de vehículo no es el mismo de antes.

2 comentarios:

mikibadulaque dijo...

Mientras leia "vehiculo" tuve una serie de flash back's (no se si este bien escrito, pues no esta el Chu para que lo revise), cada palabra me llevaba al momento que narraba, asi que quisas pueda acordarme de tomar esas fotos para mandarlas, quisa pueda empezar a recoger los pedasos del vehiculo que esten en el camino, o tal vez sea momento de empezar otro proyecto junto a Joaquin, quien sabe?, por siaca ten lista una ca ma extra y las herramientas....

Luftmensch dijo...

He leído decenas de veces tu comentario. Decenas. Y esta vez no exagero, como a veces hago para dejar claro mi punto de vista.
Gracias, Mew. Gracias.