viernes, 19 de octubre de 2007

amor




No sé si voy a hablar de amor. Más bien, no sé si voy a hablar de un amor. Es que de repente se me viene encima el domingo, sino nefasto en mi experiencia como extranjero (aunque no siempre) y me aterra la idea de, una vez más sentirme solo. Solo en el sentido de despertar en una cama individual que amplifica todo lo que no es yo, adentrarme en una mañana más y más fría y tener que mirar la neblina en singular, no encontrar motivo para quedarme acostado, ni siquiera para hacer un desayuno y compartir la mesa con alguien más que un libro.
Y, entonces, me doy cuenta de mi necesidad de eso que podría definirse como amor. O, mejor dicho, lo que yo entiendo como amor.
Bien. Ahora no me queda más que explicar lo que entiendo por amor. Aunque a estas alturas se trata de lo que espero del amor que espero.
Pienso en eso y un montón de ideas me vienen a la cabeza: Sui Generis y su "alguien que me parche un poco y que limpie mi cabeza"; un mensaje que asalta el medio día gris de la oficina; salir juntos, sin rumbo, y ser uno en la calle; pasar un par de horas en la cocina inventando la cena y saber que habrá más de un plato sobre la mesa; llegar a la estación y descubrirme esperado; ir al cine y que haya discusión para decidir quién se sienta a mi lado; Sayulita y su gente y su cielo inmensos; que la noche pase y la plática siga bajo ese cielo inmejorable; las botellas de tinto añorando sures a dos voces desde el tercer piso, una tarde de lluvia y apagón planeando los fines de semana secos...
Ahora entiendo. Basta con abrir el cofre y redescubrir el tesoro que hemos guardado.
Sin embargo, me niego a conformarme con el amor del pasado. Lo he hecho mucho tiempo y ahora no sé qué hacer con el amor presente. Y ahora hablo del amor de a dos. Si dijera que nunca lo aprendí estaría siendo muy injusto con las mujeres que me han cambiado la vida. Pero en algún momento dejé de vivir el amor presente para esconderme en el que fue y que, como todo lo que fue, casi nunca puede volver a ser. Es probable que me muera de miedo de enfrentarme al amor cotidiano, el de verdad. Y me lleno la boca hablando y hablando, incapaz de amar o permitir que...
Tanta vuelta me pone en evidencia, ¿verdad? Trato. Ojalá aprenda algo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿¿¿Qué esperas del amor que esperas???

Cuando uno habla del amor, se hace alusión a un amor…al que conocemos, al que imaginamos, al que esperamos o al que perdimos, por que somos seres de referencias lamentablemente. Por eso yo te comentare algo desde mi experiencia…
Tienes razón, lo peor son los fines de semana, cuando te das cuenta de que el viernes todo se acaba (las actividades que te mantienen ocupada la cabeza, las personas que te rodean en ese ir y venir cotidiano, los problemas de la oficina y las alegrías que trae cada día de rutina)…y se ve uno de nuevo solo
Déjate llevar, no te presiones, las cosas llegan…el amor presente te espera y puede que ya te conozca y solo espere a que estés listo

Ese amor de dos es mágico…

Besos y abarazos

PD. no me encubro en el anonimato, sino que no tengo weblog...de hecho, me falta experiencia jeje, es la primera vez que dejo un comentario

Luftmensch dijo...

Gracias, por pasar. Y muchas más gracias por tu experiencia y los buenos deseos.
Besos y abrazos para ti también.
El anonimato nunca es permanente.

Adriana dijo...

Ahhh el amor, yo aprendí a no dejar pasar esas delicias cotidianas que te dejan los pequeños rastros de amor de la gente que te quiere. Aprendí a no matarme buscando La Gran Felicidad y disfrutar plenamente las pequeñas felicidades diarias... no se, es cuestión de decidirse, xq todo comienza con una decisión
Besos