martes, 16 de octubre de 2007

cuesta acostumbrarse

A Nancy, desde mi ventana.

No es que te extrañe. Lo que pasa es que a veces te veo. Te veo y no sé qué es lo que me pasa, aquí, justo donde se encuentran las costillas, aquí. No es que te extrañe. No. La cuestión es que te sigo viendo, incluso cuando no te veo. Menos que antes, debo admitir. Te veo en los lugares en los que antes no veía nada más que a ti y se me sacude la entereza, me flaquean los gestos de seguridad y todo parece comenzar a colapsar. Es como si de repente te prenden la luz del escenario cuando no has acabado de acomodarte o te descubres observado mientras te hurgas la nariz. Uno se encuentra desarmado frente a la evidencia que uno mismo está personificando. Aunque en este caso es diferente porque no hay nadie más. Sólo yo sintiendo que el pecho se me sale del pecho, así, redundante e incontenible. Y la sensación se me queda un buen rato. Camino bajo la llovizna o me quedo mirando por la ventana y tus rostros se confunden con todo lo que amplificaban: mis nubes, las hojas de mi árbol, las letras de Gelman colgando en la pared:

Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.

No es que te extrañe. Es sólo que cuesta acostumbrarse a esta suerte de no verte habiéndote visto tan de cerca, de no hablarte habiéndote dicho tantos silencios.
Si te extrañara todo sería distinto. Más húmedo, por lo menos. Más triste, eso sí.
No sé si me faltas. No me lo he preguntado.
Esta es una de las cuestiones que tendría que discutir con Giancarlo. Y él seguro respondería por mí:
No te extraño, lo que ocurre es que no estás y eso me jode.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

...sere yo?

Anónimo dijo...

los anónimos somos tantos.

Adriana dijo...

yo si q extraño y a mares
besos