miércoles, 17 de octubre de 2007

sensación




Hay una sensación que por temporadas se vuelve más frecuente. Una suerte de paranoia en la que me hundo hasta el cuello, temiendo cometer imprudencias, defraudar a mi gente, no estar a la altura de lo que (según yo) los demás esperan de mí.
Una persecución de mí a mí mismo en la que a veces logro acorralarme y desjuntarme en angustias y más angustias.
En inglés le dicen el what if, un estigma que te consume pensando en las infinitas posibilidades de que todo salga pésimo (en mi caso) y uno termine no dando el ancho, que al final del día me delate, a pesar mío, como consorte de esos que me llenan de rabia y asco.
No sé. Es que hay días en que la vida deja de ser ese páramo tranquilo y te ves circundado por cosas que no te atreves a enumerar y te preguntas, y te preguntas si no serás también un poco de eso que se te impone a donde miras y te aterra la posibilidad de que la respuesta sea una más de esas cosas que no te atreves a enumerar.
Miro mi reflejo en la ventana, pero la luna roba mi atención.
Debe ser que tengo ganas de sentirme acunado o algo parecido. De llegar a casa y sentirla refugio, cobija, olor a pan tostado. Que el mañana no sea más rutina, sino ventana alta, campo abierto, mochila al hombro, camino virgen, sensación otra...

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