miércoles, 7 de noviembre de 2007

viejo


Cuando era chico, me acuerdo que mi viejo me llevaba al jardín y nos acostábamos de panza a mirar, con la pera pegada al pasto, cómo el pequeño huerto de hierbas aromáticas de mi mamá se convertía en un bosque en el que nos íbamos internando y del cuál regresábamos exhaustos y felices.
Cualquier opción en mi vida carecía de valor cuando se enfrentaba a la de ir con mi viejo a un ensayo, a sentarme durante horas y verlo hacer y ser, convertirme en testigo de cómo sus ojos no veían más que lo que era alumbrado por esas luces sobre el escenario. Yo me quedaba sentado en una butaca, en algún rincón oscuro de la platea, esperando mi turno, el momento de salir a la calle y descubrir que aún es de día y dejarme bañar por la claridad que me hacía renacer ante los ojos de mi viejo.
Los años nuevos eran una fiesta con todas sus letras: prácticamente toda la farándula de la ciudad llegaba a mi casa. Mi viejo cocinaba desde el día anterior decenas de platillos todos deliciosos y se hinchaba de felicidad por los halagos y más halagos, por la comida deliciosa, por lo buen amigo, por lo gran profesional, y todos lo querían y se lo decían. Y mi viejo se seguía hinchando de felicidad hasta que el sueño me vencía y me era imposible cumplir la promesa de ese año sí lograr quedarme despierto hasta que amanezca.
Y un día se fue. O se quedó, lo que para este caso es lo mismo. El hecho es que lo veía cada vez menos. Se dejaba ver cada vez menos. De repente, mi viejo... no sé, creo que dejó de ser feliz.
Se fue enredando en asuntos más y más complicados, asuntos que ni él comprendía bien. Ya ni la claridad del día hacía que me note o al menos así me hacía sentir.
Yo hice de todo. Intenté llamar su atención de todas las maneras posibles. Pero siempre había algo en sus ojos, algo que lo alejaba no sólo de mí, sino que de todo lo que no fuera esa película brillante que se instaló en su mirada de eterna despedida.
Entonces me fui. Me fui porque me tenía que ir. Un poco por mí y un poco por él. Por el él que ya no estaba, al menos.
Han pasado muchos años. He vuelto unas cuántas veces. Lo busqué en muchos lugares y lo vine a encontrar en donde mismo lo dejé. Ya no nos acostamos de panza en el jardín ni hay más fiestas monumentales de fin de año en casa. Hemos crecido.
A veces pienso que tener un viejo como el que tengo me ha hecho un poco padre. Lo digo porque lo extraño, porque me preocupo por él, porque sólo él sabe todo lo que lo perseguí para que no cometa los mismos errores que yo cometería años después, todas las veces que estuve a punto de plantarle una cachetada y dejarlo sin salir, todas las veces que lo mandé a la mierda y todas las veces que me hizo mierda. Es decir, todas las veces que quise obligarlo a que enfrente su vida de la manera en que yo enfrento la mía.
Esta mañana abrí la página de El Comercio y me encontré con nuestro nombre ahí, refiriéndose a él, por supuesto, involucrado en esos proyectos que le encantan. Y me hinché de felicidad, le conté a todos los de la oficina que mi viejo en El Comercio y a tres amigos más por teléfono.
Y quisiera tenerlo acá, un poco más cerca, para poder sentarnos a leer en la terraza sin hablarnos, para dedicarle el domnigo a la cocina y almorzar en el jardín, para ir por unas películas y pelearnos porque los dos queremos que el otro vea la que queremos que vea, para irnos a San Antonio a tomar un café y decirle, mirándolo a los ojos, estoy tan orgulloso de ti, viejo.

1 comentario:

mikibadulaque dijo...

Tambien recuerdo haber esperado, tentado por ti, el final de esas fiestas a las cuales nunca llegue, porque me quede dormido antes que tu.Y creo que tambien me di cuenta que el viejo en algun momento dejo de ser feliz, por x motivos, pero dejo de serlo, que raro estabamos los mismos, la vieja tu, yo y ricky, pero eso nole bastaba para ser feliz. Yo no tuve el valor de partir me quede, y te juro que para mi fue mas complicado estando tan cerca y tan lejos. Viejo yo tambien estoy orgulloso de ti, pero me gustaria, no que me digas, sino poder ver en tus gestos que estas orgulloso de tus tres hijos, que nos mires como nos mirabas cuando eramos chicos, pero no se derepente la felicidad del viejo no contempla nuestros puntos de vista, no crees eso chu?, te quiero papi, eso no lo dudes.