martes, 1 de enero de 2008

uno del uno y estoy en lima


Sucede que regresé a Lima para las fiestas de fin de año. Sucede que la gente es muy complicada, la otra gente, claro, porque de uno mejor ni hablar en lo que a complicaciones se refiere. Una prueba de esto último:
El problema es que ahora tengo que regresar. De alguna manera, este viaje me ha enfrentado a la inminencia del regreso, sea permanente o transitorio (permanente, qué palabra escalofriante). No al regreso que estoy a punto de emprender, sino al regreso del regreso. Al regreso con el que me pasé la vida soñando, al principio y con el que ahora no sé qué hacer. Ni siquiera sé si es una realidad concreta o es sólo uno de mis intentos por realizar hazañas en mi cabeza que me ponen en paz con el niño que me rehuso a dejar de ser.
Creo que todo se debe a este preludio del regreso que me aventé, a fin de año encima, como si la época careciera de carga emocional. Llegar al Jorge Chávez y comenzar a sentir eso, eso que comencé a sentir dieciocho horas antes cuando el autobús comenzaba a moverse en una Xalapa helada y lluviosa. Dieciocho horas emocionado es demasiado para cualquier persona. Bueno, es demasiado para mí. Llegué agotado y media hora tarde.
Y todo lo que me cuesta escribir esto, ahora que sigo acá, en la casa que es la casa de mis papás, la casa en la que no quepo ya. Con todas sus delicias e incapaz de contener al que soy.
Los amigos siguen ahí, enredados en sus historias y sus rutinas. Y se hacen un espacio en el que deciden celebrar mi llegada con un café, un sanguche de pollo a la brasa o improvisando algo o nada.
Los milagros, también, porque Lima es así. Sobre todo de noche y cuando uno menos se lo espera.
No sé si quiero irme. Tampoco me lo pregunto mucho. Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer y dejarse de huevadas.
No sé. Ha sido un fin de año reforzado por esta sensación de saber que los cierres de ciclos se me vienen encima. Demasiadas cosas en qué pensar y que hacer.
Pero todavía estoy acá, en el comedor. Es uno del uno y estoy en Lima. Voy a abrir la puerta y voy a salir a la terraza, al jardín, me voy a sentar a oler el mar que se deja sentir, a escuchar esos pájaros que no se escuchan allá, a ponerle atención a esta sensación de estar acá para poder evocarla un martes cualquiera del invierno que me espera. Si me disculpan...

Música incidental: Here comes the sun, Nina Simone (extracto)

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