miércoles, 27 de febrero de 2008

te necesito


Te necesito. Hace tanto tiempo que no me lo decían. Hoy tampoco me lo dijeron, me lo escribieron en un mensaje de texto. Pero se siente bien, debo admitirlo. Sobre todo cuando el remitente es alguien transparente.
Te necesito, leí en la pantallita del teléfono y sonreí, porque de alguna manera la idea que se imprime en mi imaginario es la de que las cosas no son iguales sin mí, al menos allá, de donde viene el mensaje.
También disfruté al leer esas palabras porque quien lo escribe es alguien estrechamente ligada a mi corazón y ser necesitado por uno de los blancos de tu amor le borra la fecha de caducidad al sentimiento y deshace el temor a no ser correspondido.
Ella se siente inválida porque le duele el tendón, el de Aquiles, y no puede correr ni bailar. Eso la pone triste. Me dice que me extraña y que me necesita. Lo que no me pone feliz es que se sienta triste, por supuesto. Y yo tan lejos. Bueno, no tanto. Pero doscientos kilómetros nos amordazan la inmediatez de acciones que deberían suceder como reflejo.
Lo que sucede como reflejo es una respuesta en la que me regodeo en el ser necesitado y azucaro la fórmula explicándole que yo también la quiero y extraño.
La vida no está siempre a la altura, es cierto. Pero también es cierto que el necesitar a alguien es una forma de no saber qué hacer. Y si la respuesta es un sínecesítame o un yosiempreestaréahí uno no hace más que desdibujar al remitente y asegurarse un futuro de traidor mentiroso. Yo no siempre estaré ahí. Es más, ahora mismo no estoy ahí. Entonces cómo es posible fomentarle su necesidad de mí o de quien sea.
La educación debería estar enfocada concientemente a la liberación del ser, sin embargo podría organizar en orden alfabético y cronológico todas las veces en que he fomentado la necesidad de mí, porque uno se siente bien cuando lo necesitan, hay un vacío que se llena de repente y la liberación de endorfinas no nos permite ser objetivos, mantener distancia y ver un poquito más a largo plazo.
Reescribí la respuesta. No borré el yotambiéntequiero porque es verdad y hace bien. Decirlo y escucharlo (o leerlo, en este caso). Fomentar su necesidad de mí habría sido mi contribución a una invalidez a largo plazo, robarle de un zarpazo esa sensación de libertad que a mí tanto me ha costado reconstruir.
Le escribí que tal vez esta sea una temporada para estar quieta, que desde la quietud también se aprende del movimiento. Hubiera querido encontrar palabras más sabias. Responderle a su necesidad de mí con una invitación a vivir. Hice lo mejor que pude tomando en cuenta el formato del mensaje. Y lo hice con amor. Y me sentí bien. Todavía me siento bien.
Así es como quiero aprender a querer. Tal vez, para mí, esta sea la temporada para hacerlo.
Música incidental: Turn! Turn! Turn! (To everything there is a season), The Byrds (extracto)


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