martes, 11 de marzo de 2008

también soy yo




Hay un vacío en mí. Está siempre. En las mañanas cuando camino a la escuela, en el cajón de abajo de mi escritorio, en los junk emails que recibo, en los grises "buenos días" de los colegas, en los desacuerdos de media mañana, en las horas extra en singular, la mesa del comedor en las noches de viernes, mi calle los domingos por la mañana.
A veces intento, desesperado, sustitutir la sensación. Salgo a la calle en las noches de fin de semana. Busco el par de ojos que me salvarán. El par de ojos que están siempre, pero no donde miro, no sé dónde. O con quién.
Estoy triste. Nada más. No sé por qué.

Si uno busca razones para justificar esas tristezas que asaltan así no más, de golpe, encontrará razones hasta en las razones que nos coquetean desde la no tristeza.
¿Será una suma de pequeñas decepciones, de pequeñas frustraciones? ¿Será el cansancio a media tarde o las desconfianzas inesperadas? ¿Las cartas que no llegan? ¿Lo dicho y no dicho? Todo lo que habita en la mochila que carga mi espalda.
Es muy probable que tenga que ver con la llamada de la que hablo algunos posts atrás. Todavía me pone triste pensar en ese episodio. No por lo que recibí, sino por el reflejo que escupí. Todavía me duele.
Hay un espesor en mi alma triste que a veces me seca la boca, un codo en lugar de corazón.
Ese también soy yo, lo sé, pero a veces no lo entiendo.

1 comentario:

Aura dijo...

También me ha pasado, casi los mismos sentimientos.