domingo, 30 de marzo de 2008

a veces se me olvida


De repente tengo la sensación de haberme quedado sin norte. Podría decir que hasta hace unos días tenía una idea más o menos clara de hacia dónde se dirigen mis esfuerzos, hacia dónde se mueve toda esta maquinaria puesta en marcha para (según yo) construir al que voy a ser cuando las fuerzas sean menos y me vea en el espejo, y el rostro que me espía desde esa ventana insolente se parezca cada vez más a las fotos del álbum que hiberna en la casa de mis padres y que habla de tiempos con abuelos y sin responsabilidades.
Es como si hubiera caído en la cuenta de la claridad del objetivo, pero no de los medios para alcanzarlo. Todos los medios de este presente van dirigidos hacia un objetivo a corto plazo que consiste en dejar todo este presente tirado y moverme con maletas y libros hacia otras geografías en las que pueda renovar la sensación de no permanencia.
Hay una parte de mí que crece a cada paso, pero no sé si es la que quiero ver más grande en el futuro. Es como si el precio de tomar una decisión al respecto consistiera en el abandono de otras empresas, momentáneamente relegadas a segundos planos, pero fundamentales cuando me pienso a futuro.
Y tambén me da miedo. Me da miedo pensar en cerrar un ciclo en esta ciudad, agarrar las cosas e irme, tener que recomenzar en otros contextos, nuevos o renovados.
Cuando me siento más grande, menos novato en cuestiones de la vida, la misma vida se encarga de poner en tela de juicio todas esas aparentes certezas, todas esas materias que daba por aprobadas: mi viejo y yo y la zanja entre los dos, todavía; las cosas que digo por hacerme el gracioso y que terminan partiendo a alguien; las cosas que no digo y que me dejan donde mismo, pero solo. Quisiera ser más valiente para poder mirar a la cara a todos esos miedos. Quisiera ser más cauto, también, para no andar por ahí salpicando mierda.
Cuando era chico, me llevaron a ver un montaje teatral de Peter Pan en el que los personajes volaban, literalmente, sobre mi cabeza. El eterno niño era capaz de hazañas semejantes por haber renunciado a una vida de horarios de oficina, DNI y recibos de alquiler. Ahora lo recuerdo vagamente, tan vagamente que dudo de la veracidad de mi recuerdo. A veces la infancia deja de ser una escena objetiva de mi historia para convertirse en el pasado al que de alguna manera quiero regresar, hablando de él con los amigos o conmigo mismo, rodeado de nietos o de sillas vacías, un pasado reconstruído y pulido por la distancia que me separa de él, que me reafirma en mi presente. Y, entonces, me quiero volver ese niño que podía asombrarse con Peter Pan volando sobre su cabeza. Volverme ese niño para no tener que pensar en todo lo que hay que pensar ahora que se es grande.
Hay una parte de mí a la que le aterra la idea de dejar de ser un niño, pero que mira con ansias hacia esa adultez inexorable. Hay otra parte de mí que ha crecido, que ya es grande, y que recuerda con nostalgia los días de la niñez. Yo soy todos esos, contradictorios, nefastos, patéticos y encantadores. Es sólo que a veces se me olvida y quiero ver todo a través del mismo cristal y es así como el norte tiende a desdibujarse hacia los suburbios de mis inseguridades.
Música incidental: Everybody's talking at me, Harry Nilson (extracto)

6 comentarios:

Manuel Serrano Rojas dijo...

el sur también existe, y pocos lo utilizan para orientarse

Luftmensch dijo...

Tal vez sea que debo ubicarme a partir de mis sures y dejar los nortes por la paz. Gracias, Manuel, por el recordatorio cardinal.

Anónimo dijo...

Alguna vez alguien me comentó en unos de esos días de angustia, que no perdiera mi tiempo en preocuparme por algo que tal vez nunca llegaria a pasar, que solo hay que pensar en el aqui y el ahora, eso me da un poco de paz y libera mi angustia.

Paty dijo...

Don Juaco, tal vez estás buscando fuera de ti lo que necesitas. Cuando te das cuenta y lo entiendes, se acaba la monotonía, la soledad, el miedo de vivir y el pasado y el futuro dejan de ser la guía.

Tal vez ese niño te de lo que buscas, si eres capaz de acogerle y amarlo c íntedra y desinteresadamente. Eso enseña a vivir en el momento presente y dejar de preocuparse por el antes y el después. Es el principio para ocuparse, en vez de preocuparse. No importa dónde estés o a dónde vayas.
Un abrazo.

El ornitorrinco dijo...

"¿Y cómo sabré que es lo correcto?- preguntó el niño de las rodillas tachonadas de costras. El viejo se encogió de hombros. "Si no es por ti, será por los otros, pero siempre puede ocurrir que todo salga mal. Pero uno aprende, es natural, como te pasa con la bicicleta. Llegará un día en que cambies las costras de las rodillas por unas piernas atléticas y vigorosas. Entonces serás un poquito mejor que ayer" (De los cuentos infantiles de Duzko)

Luftmensch dijo...

Qué detalle, hermano. Gracias por pasar, como siempre.