sábado, 10 de mayo de 2008

al menos así


Anoche soñé que mi hermano se moría. Por motivos que no quedaban develados, se acercaba demasiado a una línea por la que pasaba un tren rapidísimo y era arrollado, quedando a un lado de la vía, acostado, con el cuerpo deshecho y la cabeza intacta. Yo corría hasta él, no podía tocarlo porque no había de dónde. Trataba de decirle todo lo que (supongo) le querría decir si el tiempo estuviese por acabarse mientras él sonreía desde su agonía, como restándole importancia al asunto. Los espasmos de la angustia y la tristeza enredaban en mi tráquea las palabras. Me desperté con la sensación nefasta de haberlo dejado por última vez.
Me dejó pensando el sueño. No es para menos. Pero no sólo en la imagen de mi hermano agonizante y sonriente, como queriendo tranquilizar a todo el mundo, sino en la sensación de culpa que me adjudicaba en el sueño. Intentaba decirle las palabras que se regresaban por mi garganta, una suerte de cofesión última a través de la cuál alcanzaría su perdón, porque dentro de mí vive la sensación no sólo de no haber sido el mejor hermano que uno puede desear, sino de haber traicionado varias veces su confianza.
Tengo la sensación de no haberle hecho la infancia nada fácil. Hay varias ocasiones en las que, cuando hubo que elegir un bando, yo elegí el opuesto dejándolo sólo en el lado contrario, a causa de mi obsesión por querer quedar bien con todo el mundo que lo único que provoca es hacerme quedar pésimo conmigo mismo. Es como si lo hubiera abandonado en momentos en que debí haberme puesto de su lado. Y anoche, mientras me enfrentaba en sueños a la última elección de bandos, no había forma de incluirme en el suyo. Será por eso que insistía en que saliera de mi boca la culpa que se ha ido alimentando de traiciones no planeadas que me sorprendían en sus respectivos momentos.
La cosa es que durante toda nuestra infancia yo asumí el papel del que siempre tiene la razón, del único capaz de decidir lo que había que hacer, de nombrar el juego en turno, de decidir quién entra y quién no. Se lo impuse a él y a todos los que se acercaban a nuestro núcleo, excepto cuando llegaba uno que representara el personaje con mayor convicción, entonces yo quedaba relegado al segundo lugar.
Y ahora tengo este sentimiento de culpa con el que no sé qué hacer. En el ensayo onírico de anoche fui incapaz de redimirme y eso me puso a pensar si seré capaz de hacerlo la próxima vez que lo tenga al lado. Se requiere valor para esas cosas.
Hace pocos días Rodrigo, amigo y director del proyecto que estamos ensayando, se disculpó ante el grupo por una situación en la que considera que actuó de manera indebida. Y lo explicó ante todos detalladamente. Sin duda se requiere valor para esas cosas. El valiente, en mi caso, casi siempre ha sido otro.
Anoche soñé que mi hermano se moría y el sueño me ha dejado pensando. Y me ha dejado esperando con un poco más de ansia por la próxima vez que lo tenga al lado. Y me siento un poco más valiente. Al menos así, a la distancia.

Música incidental: Confesión del viento, por Liliana Herrero (extracto)

5 comentarios:

Juanma dijo...

Joaco querido: La música incidental está lindísima. El post está tristísimo y por eso te mando un abrazo.

Luftmensch dijo...

Juanma, qué gusto saberte por acá. Eso lo alegra todo.
El disco completo de Liliana Herrero es una belleza. Se llama igual que la canción: Confesión del viento.

cutita dijo...

Gracias Joaquín por tu sinceridad y por hacerme sentir más cerca de ustedes. Te quiero mucho. Cutita

Luftmensch dijo...

Cutita, qué lindo saber que anduviste por aquí.

mikibadulaque dijo...

Todavia me acuerdo la vez que quede colgado de una sabana por la ventana del cuarto de juguetes de Chabrier, Cuando llene mi plato de tallarines con cafe, Cuando caminaba por el borde externo del segundo piso de la misma casa de Chabrier para instalar nuestro inservible telefono de vasos... sin esas y muchas mas ocurrencias no seria el que soy. Tal vez tu no puedas disculparte frente a muchas personas , no es tu arma, pero lo haces escribiendo, frente a 2550 personas si mal no recuerdo(segun tu contador de visitas), eso tambien es ser valiente. Las vias del tren estan muy alejadas de mi diario vivir asi que no te preocupes por que me vaya a atropellar uno, y como dato suelto creo, tal como tu lo dices, que nisiquiera en esa situacion podria dejar de sonreir, "al menos asi" podria sobrellevar el mal rato.