jueves, 5 de junio de 2008

Ricardo acaba de iniciar sesión

Hace cuatro años que se fue Ricardo. No puedo recordar en qué época, es decir si era invierno, primavera. Sólo recuerdo que yo andaba dando funciones fuera de la ciudad y no lo pude ir a dejar al aeropuerto. Ahora que lo recuerdo, a la distancia, me parece horrible. Mi hermano se regresaba, después de haber vivido juntos más de un año, y yo no fui con él hasta el límite último de la despedida. Se fue sólo al De Efe y se quedó en casa de unos amigos de la familia, quienes no estaban pero le encargaron al chofer que lo llevara al aeropuerto a la hora acordada. Llegó la hora acordada y nadie llegaba por Ricardo quien estaba solo en esa casa, sin saber siquiera dónde esa casa estaba ubicada. Yo me iba enterando de esto por teléfono mientras iba de una ciudad a otra. Tampoco recuerdo qué ciudades.
Ricardo se fue y me dejó en un departamento casi vacío. No porque se hubiera llevado todo (en realidad el inmobiliario siempre fue limitadísimo), sino porque se iba y atrás de él partía algo que nunca pensé necesitar así.
Cuando volví de mi pequeño tour me di cuenta. Una de las dos sillas se convirtió en mi posa pies. Su cuarto se volvió el cuarto de las cosas que ya no se usaban: el block en el que apuntábamos el puntaje de nuestra partida de canasta interminable, la cama que rompimos jugando luchas, unas cajas con libros que le estaba guardando a un amigo. Su cuarto vacío de él, inmenso como la madrugada en que me despertó su llamado, Joaquín, Joaquín, y lo encontré sentado en su cama, con la luz prendida, llorando como no lo había visto llorar desde que tenía cinco años y vivíamos en Chile, cansado de estar acá, de la elección que había hecho, de la universidad, de todo. Lo intenté, me decía. Lo intenté, pero ya no aguanto. A mí se me salió el papá por todas partes y lo abrazaba y le decía que estaba bien, mañana llamamos a la casa y les explicamos. Había pasado más de un año de su llegada a esta ciudad. Hablamos no sé hasta qué hora. Le conté de mi llegada y mi nostalgia, de todas las veces que estuve a punto de mandar a la mierda todo y regresarme, de las veces que le pedía el carro prestado a Eduardo y manejaba hacia el sur hasta que la gasolina me lo permitía, como para sentirme un poco más cerca de él, de ellos. Y sobre todo, que su historia no tenía por qué ser como la mía.
Su estadía acá me modificó de maneras que no entendí en el momento, pero que ahora que lo pienso a la distancia me hacen un poco más de sentido.
Me puse a buscar un e-mail que, en ese entonces, mandó Ricardo a Lima explicando los motivos de su decisión y faltan muy pocos días para que se cumplan cuatro años de aquella madrugada en vela.
No he vuelto a jugar canasta con nadie. La cama rota se convirtió en un banco de trabajo, el que fue su cuarto ahora tiene una ventana de verdad, no el huequito de uno por medio metro en lo alto de una de las paredes, que me recordaba una obra de Beckett. Ahora el departamento está repleto de cosas y ha pasado mucha gente por acá.
Sé que es muy probable que Ricardo nunca vuelva a poner un pie aquí. Y está bien, porque uno tiene que irse de donde está cuando llega el momento. Y él pudo hacerlo, tomó la decisión que cambió su vida para siempre.
Cada vez que lo veo conectarse en el messenger le escribo. Casi nunca tengo nada que decirle, pero me hago el cojudo y le busco conversación. Así lo siento más cerca, como cuando llegaba a casa y lo encontraba acá o caminábamos juntos al amanecer después de una noche de Age of Empires con Luisito, el Inge, Tuna, Alf y toda la banda a la que Male aguantaba hasta el amanecer. Aunque sean huevadas, cada vez que se conecta dejo todo lo que estoy haciendo y le escribo algo.
Ricardo acaba de iniciar sesión.

2 comentarios:

juanma dijo...

siempre me asombra la cantidad de nostalgia que puedes destilar en cada línea...

Sr. Vargas dijo...

Definitivamente Informática no era lo mío... Por fin te dignas a dedicarme una entrada de tu blog... Pues en este momento de mi vidad, podría tomar otra decisión!!! (no es cambiar de carrera por seaca).