lunes, 18 de agosto de 2008

el rey rojo

Para Constantino Carvallo
"La única patria del hombre es su infancia."
Rainer Maria Rilke
¿Cómo explicar esta sensación? La tristeza atonta cuando llega así, tanta y tan de golpe. Y atonta porque se mezcla con recuerdos, algunos tan antiguos que son dífíciles de enfocar: la primera casa en Santa Catalina, el recreo en el parque, años en los que su presencia era casi imperceptible para nosotros y Martín y yo aprovechábamos para robarnos unos fósforos y organizar una fogata en aquel parque de los recreos. En esos años aparecía de vez en cuando en el salón, se le podía sorprender mirando, mirándonos, mirándose mientras nos miraba. Después vendría la primaria en la que uno se comienza a enterar de quién es Constantino. Esa presencia adquiere nombre y brazos, y piernas de las épocas en las que jugaba fútbol con nosotros y uno se ufanaba: "¡le tapé un taponazo a Constantino!".
Uno sentía que él andaba por ahí, siempre a punto de aparecer. A mí me costaba muchísimo hablar con él porque hacerlo implicaba un enfrentamiento conmigo mismo, mirarme a la cara. Sin embargo, siempre quería hablar con él porque tenía la palabra justa, o al menos así lo recuerdo. Hay tantas cosas que me dijo y que recuerdo al pie de la letra. Hay tanto qué decir que al final me quedo sin decir nada porque Constantino no se puede abarcar así. No puedo enumerar historias, recuerdos con él porque sería enumerar mi infancia y mi adolescencia completas.
Yo estuve en un colegio donde me enseñaron quién soy y, pese a mi terquedad, aprendí eso porque Constantino nunca quitó el dedo del renglón. Su forma de hablar directa, su agudeza para indagar en uno, con uno.
Lo vi por última vez hace un par de años, en Lima. Llegué al colegio después de mucho tiempo, lo encontré en la puerta de la biblioteca y no pude evitar abrazarlo. Y él no supo qué hacer. Nunca ha sabido cómo reaccionar ante el amor de sus alumnos, se corta todo. Hablamos poco, le pedí su dirección de email pero nunca le escribí. Supongo que así son estas cosas.
Y hoy me vienen a decir que se fue. Yo no lo creo. Sé que me basta con entrar al colegio, con atravesar la reja enorme y subir las escaleras para tener la certeza de que está en la biblioteca o de que en cualquier momento me sale al paso diciendo que se debe cruzar por el lateral.
Si la única patria del hombre es su infancia, yo soy de un país lindo, que me ha enseñado a aprender quién soy, un país donde aprendimos a querer, a querernos, al lado del rey rojo más grande de todos.




Reportaje realizado por Jerónimo Centurión y transmitido en el programa La Ventana Indiscreta del dia 18 de Agosto de 2008. Cortesía de Henry Stewart.

6 comentarios:

Iván Kropivka dijo...

yo tuve la suerte de conocerlo al menos un año.
cursé 5to año en los reyes, ya que vivi 3 años en perú.
fue mi mejor año de escuela en mi vida.
una persona que me marcó muchísimo y de la que siempre hablo y recuerdo con mucho afecto.
era una persona única, un lider positivo como pocos.
el año pasado visité lima y fui al colegio pero el no estaba, le dejé un mensaje.
me quede con ganas de una charla mas.
lo voy a extrañar.
iván, de Argentina.

Luftmensch dijo...

Gracias por pasar. Un abrazo, Iván

BaL dijo...

Le marcó la vida a cientos de nosotros, y cientos de nosotros nos quedamos sin poder decirle mil y un cosas. Algunas sumamente complejas, tanto que hubiesen demandado más tiempo del que podria habernos dado, y otras tan simples como un "gracias por haber estado ahi". La vida es una mierda cuando uno se da cuenta de que sigue postergando cosas hasta el punto en el que ya es demasiado tarde. Muy lindo texto Joaquín. No pude darletus saludos a Martín. No quise molestarlo acercándome. Ya tenía demasiada gente alrededor.

Un beso

Roberto dijo...

Es algo de no creerlo. Estuve en el velorio y nadie lo creía.

Y tanto ha quedado por decirle, tanto.

El ornitorrinco dijo...

Cómo habrá sido de especial este hombre que habiéndolo conocido solo por periódicos, revistas y la televisión nos provoca un hueco en el pecho. Hay gente que no debería morirse nunca... ¡El rey ha muerto, que viva el rey!

Adriana dijo...

Parece masoquismo, pero no puedo evitar leer a todos aquellos en los que Constantino dejó huella, hoy te leo y lloro nuevamente porque yo tambien quería abrazarlo, porque al igual que tu quisiera subir las gradas, entrar a la biblioteca y verlo ahi, silencioso y de mirada aguda.
Ahh habia olvidado el ir por el lateral, gracias
Besos