viernes, 31 de octubre de 2008

contra la soledad


Heredé de mi madre el gusto por las plantas.
Vivo en un departamento, en un tercer piso, y en el patio he instalado algunas macetas en las que tiro toda semilla que pasa por mis manos.
En mi improvisado jardín han crecido árboles de manzana, naranja, mamey, lichi, los cuales deben partir al pasar los treinta centímetros de altura ya que ninguna maceta los contiene.
Además, tengo algunos cactus, una
portulacaria bonsai, una Echeveria Imbricata que volvió a casa conmigo desde San Miguel de Allende y una Cymbidium que una vez al año da un racimo de flores hermosas que viven por muchos días y languidecen lentamente.
Recientemente unos
helechos aparecieron al rededor de algunas de mis plantas, así que los puse aparte y están verdes y lindos. No sé cómo llegaron hasta mi pequeño jardín colgante, supongo que siempre estuvieron ahí. Me gusta pensar en los helechos como plantas antediluvianas que estuvieron aquí desde siempre, como las tortugas y las cucarachas, y esperan el momento menos esperado para asomar con su verde feliz.
Hace unos días comenzaron a aparecer unos verdes y diminutos brotes de la negra tierra de mis macetas. No sé qué son. Tomando en cuenta las últimas semillas podría tratarse de árboles de damasco o de ciruela. Es muy temprano para saberlo.

Algunas tardes llego a casa, dejo la mochila al paso y no me detengo hasta llegar al patio y meter las manos en la negrura húmeda de la tierra. Preparo una maceta, transplanto un manzano o un pedazo de Imbricata.
Encuentro cierta fascinación en sentarme y mirarlas. Notar que han crecido. Descubrir brotes me renueva. Me pasa lo mismo con mis amigos. Me gusta cuidar de ellos. Descubrirlos bien me satisface.
Esta mañana, en clase, le preguntaba al grupo qué trabajo les gustaría hacer. Mauricio me dijo que no se acordaba. Le repetí la pregunta, le dije que seguro que sí había algún trabajo que quisiera hacer. Se quedó pensativo unos segundos, la cabeza un poco inclinada, las piernas cruzadas.

- Sí hay algo que me gustaría... estudiar. ¿Se puede estudiar eso?

- ¿Qué carrera te gustaría estudiar, Mauricio?
- No sé. Yo quiero ayudar a la gente. Estar con ellos. Que no se sientan solos.

- Hay muchas formas de ayudar a la gente.

- Yo quiero ayudarlos. ¿Qué estudio para eso?


Él también heredó de su madre el gusto por el bienestar común, por el bienestar de los prójimos que lo rodean como veleros y que él pinta multiplicados y de muchos colores.

Y es que no queremos quedarnos solos. Ni él ni yo. Y cada uno intenta asegurarse un rededor habitado, un mañana en plural.

La peor muerte es la soledad y, desde ahora, nos procuramos brotes para los días últimos.
Veo a mi alrededor y es reconfortante. Y entiendo la premura de Mauricio.
Por eso yo broto junto a él, para que me sepa prójimo.
Le he regalado mi nombre para que sea su mantra contra la soledad.



2 comentarios:

Elsie Ralston dijo...

A mí también me gustan las plantas. Mi madre es una serrana hermosa que me enseñó a cultivarlas.
:)

Anónimo dijo...

yo tambien comparto ese gusto con Mau

un beso

Paola...me recuerdas?