domingo, 23 de noviembre de 2008

grietas


Entre mi viejo y yo hay un silencio, un terreno baldío. Yo creí que ya me había olvidado de eso, de antiguos rencores, pero el otro día que llamé y fue él quien contestó me di cuenta que hay algo roto entre nosotros.
Con los años he aprendido a entenderlo, a quererlo como es. Pero es un cariño plagado de grietas, falible. Así lo siento ahora.
Y creo que el incompleto en este cotejo soy yo.
Es una sensación contradictoria porque hubo una época en que hice un gran esfuerzo para dejar de ser lo que yo interpretaba como una réplica de él. Nuestro nombre compartido, que en mi niñez fuera motivo de orgullo, me pesaba como un sino nefasto del que había que escapar.
Ahora es diferente.
Llamo y es él quien contesta. Hablamos poco, las frases que el protocolo exige. Y luego el silencio. Largos periodos que se ven acentuados por la distancia larga de la llamada.
Anoche hablaba de él. Todavía se me forma un pequeño nudo en la garganta en algunos pasajes de nuestra historia.
Creo que lo he perdonado. Al menos he dejado de exigirle lo que aún no es capaz de darme. He entendido que él es como es y modificar eso no es de mi incumbencia. Y esta idea hace que me sienta en paz.
La distancia geográfica que nos separa ha sido importante, al menos para mí y mi proceso. No sé si para él.
Y ahora no sé cómo terminar. Debe ser porque todavía hay muchos aspectos de nuestra relación que, al menos para mí, son una incógnita. La razón por la que no sé cómo terminar estas líneas es la misma que me llevara a empezarlas. Y no sólo hace unas horas sino, también, hace años.
Sé que no voy a renunciar a él porque yo soy, también, mi viejo, su impulsividad, su genio de mierda, su generosidad arrítmica, su soledad, su necesidad de afecto, su candor, su sonrisa, sus tablas, su segundo piso de libros y palabras.
Hace años que comencé a escribir este post y tras cada punto un nuevo párrafo me sale al paso. Estas palabras las voy acomodando, buscándole a cada una su lugar en las grietas de mi cariño para él. Por eso, esto aquí no se termina.

1 comentario:

Adriana dijo...

Los papas a veces son incomprensibles, yo aun no entiendo al mio pero me limito a quererlo tl cual, ya no lloro o me lamento de sus errores o xq no es como yo quiesiera
Suerte
Besos