lunes, 3 de agosto de 2009

vacaciones


Hay una chica detrás de mí, sentada de espaldas en su silla, respaldar contra respaldar, todos orillados para dejar que la gente circule por el callejón de piedra volcánica y permitir que accedan a nuestra presencia ociosa, a nuestra quietud de cafeína y edulcorante, a esta vitrina vacía de concentración con sus parlantes britneyspears y su marimba veracruzana y sus hippies posmodernos ofreciendo varitas de incienso a un peso y sus hijas de artesanos muriendo de aburrimiento y su chica sentada detrás de mí que no me deja mover mi silla hacia atrás y me fuerza a empujar mi mesa hacia delante para aumentar el espacio entre su filo y mi panza treintañera y orgullosa.

Me gusta esta bulla tanto como me gusta el silencio de aire frío que hace en las madrugadas insomnes, cuando abro la ventana y me instalo frente a los que me miran desde sus paisajes fotográficos, a escuchar la respiración de mi llama de tela, mi chancha de barro, mi elefante de madera, mi Areli de hule espuma.

Al viejo que pasa ahora junto a mí y que siempre veo sentado en una banca de metal, con pinta de homeless por decisión, comparte el cauce con turistas rubiesísimos y rosadísimos y con burócratas grises y cortos (mevaarobaralgoestáloco) lo he visto antes, un par de veces entrando al expendio de de lotería con un billete de cincuenta o dos de veinte y una llave colgando del cuello, amarrada a una cuerda grosera de plástico.

Azucena llega y se instala en mi misma mesa para que le invite un café y hablamos y hablamos de todo lo que nunca habíamos hablado. Y es que son las vacaciones. Son las once de una mañana radiante y esperamos las tazas con el café recién hecho de granos recién molidos y el día avanza y no importa porque lo único pendiente es que ella tiene que ir al banco y ya casi no importa porque es probable que ya haya cerrado. Ella decide irse de cualquier manera y yo me quedo a dejar que mi tarde se una al cauce de ese callejón que no se detendrá hasta que la madrugada se filtre o la lluvia haga huir a los artesanos como hormigas acomedidas. Me quedo porque no hay ningún lugar en el que tenga que estar, porque julio se acaba, comienza agosto y las tardes de verano pasan lentamente.

3 comentarios:

Laura MB dijo...

Lo ves? escribes maravillas sobre cualquier cosa.

Me encanta como de costumbre :)

AURA dijo...

Es la magia de lo cotidiano, y tu eres un mago...

te quiero

Luftmensch dijo...

moi aussi