martes, 28 de abril de 2009

maicena con leche


I
Recuerdo que, cuando chico, mi mamá siempre decía que en Lima solo había dos estaciones. Desde aquellas épocas soñé con un otoño de hojas secas y una primavera florida, pero tuve que conformamre con los inviernos y veranos, totalitarios dirigentes de las estaciones limeñas.
Las noches de esos inviernos, después del baño de rigor, mi hermano y yo nos instalábamos en unas sillitas con su mesita, diseñadas a la medida en resistente madera, para escuchar a mi mamá preguntarnos si ya queríamos la avena. Desde ese entonces la avena ha sido uno de mis cereales favoritos y mi mamá conocía el secreto para hacer una delicia al mezclarla con leche, manzanas, azúcar y canela.
Una noche cualquiera, ya instalados en las sillitas, se nos informó que no había avena, que en su lugar se nos daría maicena. A mis seis o siete añosla simple idea de la maicena en su cajita amarilla no me producía el menor interés si lo comparaba con la conocida sensación de placer que hicieron de esas noches de invierno algo memorable. A regañadientes acepté el cambio abrupto de rutina y minutos más tarde tenía ante mí un plato de mazamorra humeante con una delgada nata como epidermis sobre la que la cuchara de pegaba. Había algo delicado en ese sabor que me conectaba con cuestiones remotas que me fascinaban. Desde esa noche en adelante comencé a preferir la maicena sobre cualquier otra opción.
Hoy en día, en más de una noche de invierno de la extranjería me he preparado un plato de maicena con leche para sentirme más cerca de casa.
II
Mi tía Avelina, la hermana de mi abuelo Joaquín, ya vio pasar sus ochenta años sin mayores aspavientos. Ella es lo más cercano que tengo a una abuela. mis abuelos todos me dejaron muy temprano y mi tía Avelina, a su manera muy especial, aceptó el tácito acuerdo mediante el cual mis hermanos y yo depositamos en ella una vertiente de nuestro cariño que se había visto truncada.
Siempre que llega a la casa es media tarde y trae consigo alguna historia aparentemente inverosímil, pero que le acaba de suceder en el transcurso de la semana. Mi tía Avelina siempre ha preferido ser dura en su trato, al menos con los hombres de la familia que pasaban cierta edad. Cuando mi hermano menor era un niño pequeño, los regalos y el tono cariñoso eran siempre para él mientras que Miki y yo debíamos conformarnos con el tono de regaño y el rictus de enojo fingidos con los que recibía nuestros abrazos, aunque sabíamos que eso también era su cariño. Creo que lo más lejos que puedo ir tiene que ver con la época de Santa Rosa. Su casa quedaba cerquísima de la playa y, por la noche, allí se organizaban los juegos de cartas para los adultos, donde los primos tomábamos gaseosas en lata y nos caíamos de sueño. Cada vez que vuelvo a Lima llega la tarde en que ella aparece en la entrada de la casa y se queda con nosotros a tomar un té, a preguntarme si ya me acostumbré a México, si ya encontré una mexicana, y yo le cuento y le cuento de mis cotidianas de extranjería, de los amigos, y québuenohijito, porque ya he pasado la edad del tono de regaño y me he ganado sus palabras suaves que me reencuentran con ella y los años de historia que compartimos, los veranos en Santa Rosa, la mañana en que nos sentamos juntos en el matrimonio de mis padres, las tardes de té en el jardín de Cabo Blanco.

III
Anoche me cayó la nostalgia, así, de golpe,. Me puse a extrañar como loco. Estuve dando vueltas en el departamento sin saber a qué punto cardinal mira mi ventana, esa necesidad de estar cerca de lo que está lejos.
Hacía frío y me hice un plato de maicena con leche. Tiene un efecto especial en mí. Me hace sentir bien, me regresa a mí y disipa la bruma entre mis manos y lo que añoran. El teléfono me salvó con tres timbres secos. Le conté a mamá de la nostalgia, el frío, la ventana sin sur y el plato de maicena.

- Cuando eras un bebé tu tía Avelina iba a la casa y te preparaba maicena con leche. "Hay que hacerle una maicena a Joaquinito", llegaba diciendo.

Y, entonces, todo cobra un poco más de sentido.

1 comentario:

Adriana dijo...

Hey yo tmb le preparaba maicena con leche a mi hermanito... no espera creo q era a mi hermanita, uyy ya no me acuerdo pero el hecho es que al final me la comia yo :D
Besos