martes, 21 de abril de 2009

Me copié la idea de un post del blog del Ornitorrinco

El Ornitorrinco anda diciendo algo de acabar en una isla desierta, a donde sólo se nos permite llevar cinco canciones. He aquí mi humilde intento por tener el equipaje listo antes de que sea demasiado tarde.
El criterio ha sido autobiográfico y la selección difícil, pero aquí está.

Eiti Leda, de Charly García
No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché esta canción. Lo que sí sé es que ha vuelto a mis reproductores musicales muchas veces y ha marcado épocas muy disímiles entre sí, separadas por grandes espacios temporales y geográficos, en los que el único común denominador he sido yo. Es una canción que me hace volver a mí.


Peace Train, de y por Cat Stevens (ahora Yusuf Islam)
Esta es mi canción de viaje. En cada hotel, en cada casa de huéspedes he despertado con ella, regodeándome en la felicidad que me produce ser turista, la plenitud de viajar y la alegría del volver.


Happiness is a warm gun, de John Lennon, por The Beatles
Mi canción favorita del White Album, mi álbum favorito de The Beatles. Por lo tanto, tiene que estar en mi equipaje para la isla desierta.


Sinfonía #3 (Symphony of sorrowful songs), Segundo movimiento, de Henrik Gorecki por la London Sinfonietta dirigida por David Zinman
El texto que la soprano canta durante este movimiento fue tomado de una inscripción hecha por una joven de dieciocho años, que el compositor leyó en una prisión de la Gestapo. Pero mi vínculo con esta obra es distinto y tiene que ver con mis mañanas de domingo en México, disfrutando, del amanecer soleado, de la lluvia, los bancos de neblina de Xalapa, de la buena nostalgia, esa que ennoblece. En su compañía me he sentado a escribir, a leer o simplemente a mirar por la ventana de mi tercer piso.



Zoom, de Gustavo Cerati, por Soda Stereo
A fines de los 90's La noche de Barranco nos convocaba a todos y uno recorría los recovecos de esa casa deteniéndose en pasillos, escaleras y escaleritas, porque siempre había alguien conocido para tomarse una cerveza o no. La música era buena, pero cuando se oían las primeras notas de Zoom todos dejábamos nuestras cervezas, nuestras conversaciones, para dejarnos arrastrar por la sensualidad de la madrugada y su caída libre.



¿Cuáles serían tus cinco elegidas?
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