sábado, 20 de junio de 2009

nostalgia

Se dio cuenta que la vuelta era
realmente la ida en más de un sentido.
Julio Cortázar, Rayuela (Cap. 70)


Nostalgia es cuando me siento a media tarde ante mi ventanal de cuatro por dos, sin cortinas, dejo que el café y la lluvia humeen sobre mi cara, mientras enumero pasados como cuentas de colores brillantes y mis dedos se abstienen de marcar prefijos internacionales porque ya conocemos la historia del recibo telefónico de cuatro dígitos.
Es cuando cierro la metálica puerta verde de mi edificio e inicio la escalada hacia el trabajo, a las siete y veinticinco de la mañana, de preferencia, imprimiendo mis suelas en cada una de las baldosas añejas, marcando para siempre con mis pasos la epidermis de esta ciudad desde donde nostalgio en todas direcciones y hacia la cual, en algún futuro, nostalgiaré.
Son todas las veces que prefiero quedarme en singular, entre cuatro paredes, con antena de televisión y libros a medio leer y discos que cantan palabras que no termino de entender y acabo por repetir para no decir lo que mi garganta estrecha trata de devolver.
Está en donde antes se contorsionaban mis ganas de volver sin importar las coordenadas, en donde me esforzaba por darle una ubicación geográfica a lugares que ya sólo existen en mi memoria.
Este imperativo nostálgico es una suerte de condición adquirida en la partida, una suerte de conciencia más que un anhelo. No repetir, pero volver a habitar. Es caminar las calles con este nuevo peso, que el mar me hable de usted como a un desconocido y la nueva piel se adecúe al roce del aire otro.
La liturgia de la nostalgia no tiene fin. Comenzó con la partida primera y no terminará más, aunque cese la lluvia y las subidas empedradas, aunque la casa y el árbol abandonen la piadosa mentira de la fotografía y vuelvan al paisaje cotidiano. No quiero de ella más que esta mirada en trescientos sesenta grados a mi historia, que me entrega detalles nuevos de acuerdo a la relatividad de mi observatorio.
Desde el allá, el paisaje nostálgico abrirá lo que hoy son cotidianas y enriquecerá el sentido de mis años de extranjero. Y no habré vuelto, sino que me seguiré yendo.

2 comentarios:

Adriana dijo...

Hay nostalgias bonitas conlas que sonrio y lloro a la vez
Me gusto mucho tu escrito
Besos

Laura MB dijo...

dejo que el café y la lluvia humeen sobre mi cara, mientras enumero pasados como cuentas de colores brillantes ...

me gustó mucho, es muy distinto al cuento...
me gusta como escribes, como manejas las palabras

siempre me gusto lo que escribes

ay que raro se siente tutearte

Besos