viernes, 7 de agosto de 2009

Eréndira en su cumpleaños


Yo venía caminando de comprar un latte y ella iba hacia el correo, con un sobre en la mano. Aún no daban las once de la mañana y el sol rebotaba en todas las superficies como un niño en pijama sobre su cama en una mañana de sábado.
La vi venir sobre la acera opuesta a la mía y los colores de su vestido no se comparaban con los de su sonrisa. Al rededor suyo, un resplandor que me hizo pensar en catarinas, en papalotes en vuelo, en sones al aire libre.
Supongo que llamó su atención la alegría que nació en mi pecho al encontrarla, porque cruzó en dirección a mi acera y me dio un abrazo largo y lindo que olía a pasto recién cortado.

- Hoy es mi cumpleaños-, me dijo sin abandonar el abrazo.

Y entonces entendí el milagro de los cumpleaños, la sensación que traen consigo y que nos hace brillar incluso a pesar nuestro.
Tras su confesión, el abrazo se reprodujo interminablemente. Incluso ahora que estoy de vuelta en mi escritorio y ella bailando a saber en qué veredas, la sigo abrazando como para contagiarme de su cumpleañismo y de su cotidiano resplandor.

1 comentario:

Laura MB dijo...

Que bello... el cumpleaños es el dia mas feliz para muchos, me incluyo... todos te quieren un poco mas ese dia y tu a ellos