jueves, 6 de agosto de 2009

preludio retrospectivo


Estuve pensando en que el regreso me ablanda la epidermis, esta suerte de piel de dragón que me ha crecido y que me separa del que se fue y me aleja de donde me fui y ahoga mi fuego más elemental.

Aunque también debo decir que ser un arrogante idiota no ha sido fácil. Tuve que construir un edificio que me cansé de sostener y ahora me abro paso entre el polvo que levantó en su caída. Todavía no sé bien qué quise y quiero demostrar y eso delata mi fracaso estructural.

Anoche volví a extrañar como hace demasiados años no lo hacía, como me enseñé a no extrañar por temor a regresar eternamente y, ahora que emprendo esta vuelta desde un ángulo impensable para mí allá en el génesis de mi viaje a las afueras de mis muros, siento cómo me voy desnudando de a pocos a medida que el día se me viene encima como un derrumbe de algún modo previsto.

No me malentiendan. No reniego de esta condición. Lo que pretendo aquí es hacer una suerte de ensayo de crónica de un proceso que nunca pensé como algo sencillo y que, sin embargo, su calidad es algo que jamás pude imaginar porque involucra a todos los que soy y fui, todos juntos en una misma línea curva y espiral que se tiende como un puente entre el hoy y lo demás y me invita a volver, me acepta con el equipaje de estos diez años y desempolva las dos o tres cajas de cosas que dejé en lo que alguna vez fue mi cuarto limeño.

Por eso ahora me acomodo en este sillón dominical y busco explicarme, aprovechando la coyuntura de los hechos de esta existencia mía, busco reencontrarme con el único que puede llevarme de regreso a este presente de latitud sur. Me voy abriendo paso desde mí para ser uno más de los rostros que me aguarden en esa bienvenida que ya no tendrá pausas.

*La imagen de este post pertenece a Gerardo Vargas.

1 comentario:

Adriana dijo...

Has sido realmente un arrogante idiota? suena un tanto fuerte eso eh
Besos