martes, 1 de septiembre de 2009

mi último piso



Me he despertado poco después de las cinco y media de la mañana porque comenzó a llover y sobre mi techo ya no hay más otro departamento con su gente y sus vidas sino un cielo sobre mi cielo raso que recibe el suave y constante goteo.
Ahora que comienzo a vivir en este último piso, esta suerte de cuarto de azotea, el tono culminante de todo lo que hago en este norte se hace más profundo.
Tengo un contrabajo que no toco. Un rincón poblado de torres de discos y cajas rebosantes de libros en reproducción que he leído y no. Tengo un escritorio de papeles con ideas y textos por aprender y por olvidar. Tengo un closet cada vez más vacío porque finalmente supe desprenderme de casi todo lo que ya no servía, tarea difícil cuando se es un tipo que crea vínculos afectivos hasta con la ropa vieja.
Tengo una mesa, también, sobre la que manipulo ingredientes que se convierten en sándwiches, en pequeñas ensaladas, en platos nocturnos de cereal o tazas de café recién molido con cardamomo que perfuman mis mañanas.
He decidido que, en esta nueva habitación, el televisor tendrá aún menos participación que la que tenía en el piso de abajo y siento que me mira, resentido, desde su rincón.
Todavía me falta subir una caja con media colección de National Geographic que ayer se desfondó cuando intenté levantarla y me falta dejar abajo esta sensación de estar dejando algo olvidado en el viejo depa.
Ahora que vuelvo a vivir solo, puedo disfrutar de nuevo de pequeñas delicias como beneficiar estas mañanas prematuras con la música de Bach y las noches inconmensurables releyendo a Cortázar, descubriendo a Murakami.
Estoy habitando mi último piso a conciencia porque es mi último piso en muchos sentidos.

1 comentario:

Laura MB dijo...

nos presumes porque tienes la mejor vista de xalapa verdad¿

que bueno... y hasme caso con lo del departamento barroco XD