lunes, 7 de septiembre de 2009

no sé con exactitud


No sé con exactitud cómo es que me siento por estos días. Los movimientos de la mudanza de casa y la de oficina han sacudido el polvo que se había instalado en mí. He estornudado como loco porque cuando me pongo a sacudir lo estancado es frecuente que comience a explotar desde adentro, como si una parte de mí se resistiera a cambios aparentemente tan radicales. Me he deshecho aproximadamente de la tercera parte de las cosas que entraban dentro del rubro “esto es mío” y he aprendido que puedo vivir cada vez con menos, es solo cuestión de costumbre, como dejar de fumar o tener que subir un piso más sin boquear como pez.
La otra noche estuve quemando papeles escritos por mí en años que parecen muy lejanos y distintos a los que vivo ahora. En esos papeles me esforzaba por capturar el lugar, la fecha, a veces incluso la hora en que había escrito esas palabras. Ahora de eso se encarga el blog. Ahora tengo otras manías relacionadas con momentos importantes, por ejemplo, guardo los corchos de las botellas de vino que me he tomado con amigos en ocasiones felices. No los he contado pero son varios. No tantos porque no soy un gran bebedor y porque no se trata tampoco de guardar el corcho hasta de la botella que se abrió para ponerle un poco de tinto al lomo saltado.
Hoy estuve reorganizando las cosas que menos utilizo, cediéndoles un lugar más apropiado que el que ocuparon el día que llegué a este departamento al que siempre confundo con un quinto piso porque tiene un 5 en la puerta pero que en realidad está en el cuarto piso. El volver a vivir solo me concede el monopolio de las consecuencias de todo lo que hago por mi espacio. Si ordeno, tengo más espacio para mí. Si limpio soy yo el que goza de la claridad del aire y el que termina ensuciándolo todo de nuevo.
Pongo música por las mañanas y no importan el volumen ni si es Bach o U2, aunque debo admitir que Bach y el café los domingos por la mañana son una excelente combinación. Cuando comienza a llover, salgo a sentarme en el estrecho balcón con mi jarana y me pongo a tocarle a la niebla los cuatro sones que me sé.
De alguna manera, hay una parte de mí que ha renacido con estas mudanzas. He sacudido el polvo y los sentidos han vuelto a sentir. Incluso el amor me saluda desde donde lo dejé años atrás cuando revisaba unas cajas de cartón en busca de algo antiguo y olvidado. Al menos ahora ya sé en qué caja lo había puesto y la he dejado más a la mano, porque aunque no sé con exactitud cómo es que me siento por estos días, el saberlo junto me hace sentir bien.

5 comentarios:

Laura MB dijo...

me gusta mucho... la palabra clave en tu texto es J A R A N A...

The butcher dijo...

Estoy casi, casi igual.
Renuuncié a mi trabajo, me mudo de casa, me metí al gimnasio... jaja...

¿Qué elementales podemos ser a veces no?

Luftmensch dijo...

back to basics!

El ornitorrinco dijo...

bach o u2? es posible que las dos cosas puedan ser materia de dificultad al momento de tener que elegir? bach es un grande y u2 está grandiosamente sobredimensionado... pon bach, no más, caracho.

Luftmensch dijo...

Llanqar, U2 ha sido pieza importante de mi (nuestra) temprana juventud! Cómo puedes!