miércoles, 21 de octubre de 2009

de Cortázar a Visconti


Acabo de salir de una librería del centro con los Papeles Inesperados de Cortázar que ha publicado recontra póstumamente Alfaguara. No pretendo escribir una crítica del libro ni nada por el estilo ya que todavía ni siquiera le he quitado el plástico que lo envuelve. Lo fuera de lo común es que estamos a 21 y yo salgo de una librería con un libro de estreno porque, a mis proféticos treintitrés, debo confesar que soy una bestia administrando mi dinero y a estas alturas del mes casi siempre ando con la plata justa para los gastos vitales y, a veces, ni para eso.
Eran las cinco y media de la tarde y estaba sentado en el balcón leyendo La Jornada de hoy cuando sonó el celular. En la pantalla se leía la leyenda "unknown number" que aparece cada vez que se trata de una llamada del extranjero. Reconocí la voz de mi viejo del otro lado del satélite, por el ruido lo imaginé caminando en alguna calle limeña y creo que la voz se le cortaba un poco, no sé, pero me dio una sensación de fragilidad. No esperó a que yo diga nada y me apuró a que tome nota de un número de ocho dígitos que decidí retener en la memoria. Luego me dijo que con ese número podía ir a Western Union y recoger una plata que me mandaba para que me compre algo que quiera. También me dijo que ha estado pensando en mí, que me extraña, que me quiere mucho.
Después de recoger el envío caminaba de regreso a casa, convencido de que lo mejor era guardar la plata para alguna necesidad, pero en el camino me desvié, entré a una casa de antigüedades en la que no encontré nada que me animara lo suficiente y para desquitarme crucé la calle y me metí en la librería de donde salí con Julio del brazo, que es como si hubiese salido con mi viejo del otro brazo rumbo al café más cercano para comprobar que no estamos de acuerdo sobre Cortázar ni sobre casi nada, que quizá sólo nos encontramos en Visconti y en la buena cocina.
Yo también lo extraño, a mi manera arrogante y transparente a la vez. Y poder decirlo, en tardes de neblina como ésta, después de todos nuestros años y nuestros kilómetros, me hace bien.

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