domingo, 15 de noviembre de 2009

rotos


- Todos estamos un poco rotos.
Fue lo último que dije. Los tres nos quedamos callados un rato porque de alguna manera lo sabíamos cierto aunque ninguno quisiera confirmarlo, ni siquiera yo. Así, roto, cebé un mate más, le dejé el periódico que compré a Ariel (no sin arrancar antes la página donde viene un artículo sobre Cortázar) y caminé a casa pensando en todos los años que llevo “un poco roto” y en todos mis intentos de parchado. Uno se va convirtiendo en un tipo más complicado. Puedo identificar claramente el punto de quiebre. Desde este presente puedo ver el proceso que, sin saberlo, me trajo hasta donde estoy, al menos en lo que tiene que ver con mis afectos, con cuánto de ello necesito, con cuánto de ello admito que necesito, con mis formas de procurármelo.
Esta mañana de domingo, antes de recibir el mensaje de Ariel y terminar en su casa con él y Sebastián tomando unos mates, me puse la mochila y enrumbé al café de siempre, al menos al del siempre de estos días y estas latitudes, y lo encontré cerrado. Me sentí un poco ansioso, pero seguí colina arriba, hacia el centro de la ciudad, buscando un lugar para recalar. Caminé por las mismas calles que conozco casi de memoria pero no encontré ningún lugar que encajara en la imagen que hice de mí sentado tomando un café y escribiendo o leyendo antes de salir de casa. Caminaba sin rumbo cuando me llegó el mensaje de Ariel. Pasé a una tienda a comprar unas masas para el mate y la mujer que atendía me dio diez pesos menos de vuelto. Le hice ver el error, entonces ella se disculpó y me entregó el faltante. Yo quería que no se sintiese mal por el error, pero lo que dije fue:
- No se preocupe, yo también soy una bestia dando el vuelto.

Cuando me di cuenta de lo que había dicho era demasiado tarde, así que me fui sin decir más, sintiéndome pésimo, eso sí.
Hay una parte de mí que ha aceptado esto de ser una suerte de anacoreta con horario de oficina. Creo que porque así puedo estar un poco más en control de lo que sucede a mi alrededor, de lo que siento. Mi casa es un espacio pequeño en el que me muevo con más soltura. Sin embargo, esta mañana les dije a Sebastián y Ariel que todos estamos un poco rotos, queriendo decir que yo estoy un poco roto y que saberlos a ellos un poco rotos, también, me concede la paz del que se sabe acompañado, a pesar del departamentito en singular y las costumbres ermitañas. “Ya somos tres”, pensé pensando también en Mauricio. En algún momento retrocedí un paso y me olvidé que después de un paso para atrás siguen varios más hacia delante, como en el juego que mi viejo nos enseñó a mí y a Miki una noche caminando por Deleppiani. Y aquí no hablo de esta mañana. He regresado a casa a escribir. El sol se deja caer gentilmente sobre mi pequeño balcón. Un airecito frío llega a intervalos y deja una sensación agradable. Otra vez me doy cuenta que el lugar que busco está en mí.

2 comentarios:

mikibadulaque dijo...

Ferrocarril, carril, carril,
de Lima-La Paz, La Paz, La Paz
un paso pa tras, pa tras, pa tras?

Luftmensch dijo...

Un claasico.