sábado, 5 de diciembre de 2009

Mañana con Cecilia


Aprender los números romanos produjo en mí tal fascinación que durante meses llené varios cuadernos que iniciaban en el I y que aún no han encontrado un final.
Me acuerdo de Cecilia llevándonos por caminos aritméticos que dotaban de un nuevo sentido a todo lo que había a mi alrededor. No recuerdo haber sido famoso como un alumno destacado en matemáticas, pero dentro de mí era capaz de reconocer el deseo de que llegara Cecilia con sus tanques que se vaciaban y llenaban y su regla de tres que me otorgaban el poder de comprender un universo tan desordenado.

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Mi departamento es pequeño. Afuera se oyen los gritos del hombre del agua y bajo para encargar un garrafón. La neblina cubre el habitual verde que rodea la ciudad.

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Han pasado tantos años desde aquel día en que Cecilia llegó con los exámenes corregidos y me dijo que había sacado veinte y yo no sabía cómo decirle que los tanques se llenaban y vaciaban con tanta claridad en mi cabeza y que la regla de tres me estaba llevando a desentrañar misterios arcaicos y ella decidió llevarnos a todos al parque por las buenas notas. Ese día viene a mí esta mañana, todos en fila en el lateral. Cecilia, con mi examen en la mano, hablándome de mí, de mi examen, dotándome de sentido desde sus ojos grandes.

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Esta mañana desperté frágil y he comenzado a enumerar recuerdos desde la cuenca de mi almohada. La vida me sorprende sin reparar en mis certezas, en mi entereza, en mis buenos odios. Y me acuerdo de Cecilia, sus ojos grandes.

1 comentario:

Adriana dijo...

yo tambien como la recuerdo, la recuerdo jugando voley... ah Ceci, te extrañamos a mares
Besos