miércoles, 17 de febrero de 2010

la única forma de volver

Se dio cuenta que la vuelta
era realmente la ida en más de un sentido.
Julio Cortázar
Rayuela, capítulo 40

Hace mucho tiempo que no me sentía solo. Al menos no así. Supongo que tiene que ver con el momento que me toca vivir, con los procesos que he desatado y los que han iniciado como consecuencia.
La cosa es que hace un par de días me descubrí sentado en medio de un departamento a medio desarmar y caí en la cuenta de esta sensación de desarraigo. Después de diez años, las raíces no se desprenden con facilidad.
A partir de entonces, las noches han vuelto a estar plagadas de parajes intermitentes en los que la vigilia funda sus asentamientos temporales, como si mi conciencia no quisiera perder los últimos momentos en somnolencias.
Pienso en todo lo que se mueve con esta nueva partida. Pienso que después de todos estos años he perdido la práctica en el oficio de partir.
Cada libro adentro de una caja, cada objeto que atraviesa por última vez el marco de esta puerta va reventando uno de los miles de hilitos que me han sostenido aquí, como los que pretendían ingenuamente retener al Guliver que volvía en sí en las ilustraciones del cuento que mi viejo nos leía de chicos.
Basta eso, despegarse del suelo en medio de la fiesta de hilitos reventando, mirar el pasado que desfila, despreocupado, caldo de cultivo de las nostalgias de mañana. Volver en mí, como Guliver, quizá sea la única forma de volver. A partir de ahí, uno sólo puede irse de nuevo.

*La imágen de este post pertenece a Gerardo Vargas.

1 comentario:

Rubén Alfredo López dijo...

Me gusta viajar en tren
sentado en sentido contrario
al de la marcha.
Me gusta ver lo que dejo atrás,
mirarlo quizás,
por última vez.

Me gusta viajar hacia lugares nuevos y descubrir rincones encantados,
pero me gusta viajar
viendo lo que abandono;
para luego, al llegar a la estación,
girarme y descubrir
dónde me encuentro...

Me gusta viajar de noche,
ver por la ventana dormir al mundo,
mientras me escapo a otro lugar.
No huyo, sino me escapo;
no de otros, sino de mí.

La noche invita a buscar en tu interior,
porque ni cuando la luna
te acompaña iluminando la negrura,
es cuando la luz de tu propia vida
brilla más intensamente
que lo que hay alrededor;
y entonces puedes verlo
con cierta claridad.

Me gusta viajar en tren
porque el traqueteo me conmueve
y me envuelve,
y me invita a deslizarme
a mi interior;
y entonces
caigo en cuenta
de que mi destino
soy yo.

PEREGRINO DE SENDAS

Joaquín, la mejor de las suertes, un abrazo desde México...sigues acá porque uno nunca se va del todo.
LCC. Rubén Alfredo López V.