martes, 11 de mayo de 2010

idea de pertenencia


El cambio de piel que ha significado este regreso me ha dejado a la intemperie cuestiones que habían permanecido a la sombra durante años, poniendo a prueba todo lo que creí estable hasta que llegué aquí.
Volver es encontrarse con todo lo que uno decidió dejar para poder volver a comenzar, como si ese equipaje pudiese dejarse dando vueltas en la banda giratoria del aeropuerto una madrugada fría.
El cúmulo de todo lo que quise dejar atrás hace diez años me estaba haciendo "hola" con su pañuelo el día en que llegué. Me hice el tonto varios días, pero hace muchos años que esa estrategia no me funciona para nada.
La vida se ha encargado de ponerme a prueba en los asuntos más sensibles y puedo (so far) decir que estoy dando la altura. Me pregunto si será que he madurado, que finalmente puedo estar de seguro de ser un tipo capaz de enfrentar y resolver los pormenores de su vida sin tener que salir corriendo a esconderse al primer amague de dificultad.
Este tipo sereno con el que converso cada mañana camino al Callao no deja de sorprenderme. También es cierto que hay tardes en las que ninguna serenidad vale y el miedo se me aferra a las venas con sus patas cristalinas, pero el amor que me ha sido concedido conoce las palabras que me abren el corazón y los ojos.
Esta mañana caminaba por una de esas calles cualquiera de la Lima que durante años recorrí en mi cabeza. Caminaba solo, contemplando el entorno que reemplaza mis idealizaciones paisajistas, y pude reconocer la sensación natural de estar en un lugar, esa idea de pertenencia que me ubica y me vuelve parte de esta ciudad.
Ahora que es de noche puedo respirar hondo y descubrir que el mar se sigue escuchando desde el jardín de mi infancia.
El regreso recién comienza para mí.

1 comentario:

mari dijo...

el regreso toma tiempo, incluso una vez que ya estás aquí