martes, 22 de marzo de 2011

a mi modo


Varios años duró el periplo que me trajo hasta este lugar, a este cuarto piso con olor a mar y paredes rojas, con balcón-jardín, hélice en el techo y campanita a las once.

Desde aquí me cuesta encontrar la dirección correcta para añorar, como si el rumbo norte le fuera en subida como me es el trayecto matutino en la bicicleta.

Aunque el balance aún no está terminado, siento que los números no me favorecerán ni a mí ni a nadie en este aspecto en particular, porque mi nostalgia se ha quedado colgando de uno de los hilos de Ariadna que fui tejiendo y que terminaron por enredarse entre sí.

No la encuentro y eso me desorienta. Quisiera poder sentarme a contemplar la lluvia y mirar cómo mi pensamiento navega en esa marea vertical, amplificado por el vidrio sucio de mi antiguo ventanal. A fuerza de años me volví un experto en anhelar todo lo lejano, lo dejado voluntaria e involuntariamente. Ese caracol me cautivó y me protegió las veces que la vida reveló su siniestra maquinaria.

Desde aquí puedo ver esto que presumía meses atrás, cuando mi antiguo piso todavía nos albergaba a mí y a mis libros que nunca desembarcaron conmigo.

Soy un tipo nostálgico, a mi modo. Y me gusta serlo. No hablo de una apariencia sino de un humor en que se habita de cuando en vez, una reliquia que me quiebra a la vuelta de la esquina menos pensada y me conecta con lo más antiguo que hay en mí.

Busco ese trazo cotidiano y solo me topo con la sensación de haberlo soltado sin darme cuenta.

Quizá solo sea que soy feliz y todavía no me termino de dar cuenta.

1 comentario:

maría cristina dijo...

Ahora tu nostalgia me queda grabada en la imágen de los libros que no desembarcaron contigo.

Nada más ni nada menos que los libros!

Me pregunto por qué?