jueves, 29 de diciembre de 2011

el peruano del año


Este fin de año (como tantos otros)  nos bombardea con listas de las que debemos elegir al mejor actor, al mejor programa de televisión, a la mejor película, entre tantísimas otras categorías.
También está la lista en la que cada uno propone a su candidato para "el peruano del año" y en la que podemos encontrar un variopinto grupo de aspirantes: cantantes, ex presidentes, futbolistas, cocineros, primeras damas, niños, adultos. Hasta un personaje denominado "El chico de la polera verde" quien se hiciera famoso por su breve y pintoresca crónica para un noticiero de televisión sobre un accidente automovilístico en la Vía Expresa.
Esta colorida lista es un concentrado de representatividad. Está conformada por peruanas y peruanos (con o sin pasaporte) que han habitado en nuestro imaginario y en los medios. Todos ellos con igual número de partidarios que de detractores. Proponemos a un candidato y votamos por él y ese voto es también un voto en contra de otro candidato, una diatriba contra el imaginario popular que lo rodea, ese repentino sustituto de la identidad.
Y aquí es donde me veo sentado en mi sillón, control remoto en mano, repartiendo juicios-reflejo al conocer al juez corrupto, al ex presidente enriquecido ilícitamente, al asesor represor, al actor sin talento, al conductor irresponsable, al servidor público aprovechador, al arrogante, al ladrón, al que antepone su comodidad extra al beneficio común. 
Y, además, me escucho en conversaciones cotidianas condenando con irritación a toda esta gente: todos responsables de la situación de este país que nos toca compartir. Sin embargo, pese a mis acalorados discursos, la situación sigue siendo la misma. 
Supongo que toda mi irritación responde a lo que considero una agresión contra mi país y lo que yo deseo para él, para mí. Y cuando pienso en hacer algo y finalmente aprieto el botoncito de OFF del control remoto lo único que veo en la pantalla ennegrecida es a mí. Y después no sé qué más hacer porque es bien complicado eso de andar reconociendo en uno mismo al ilícito, al represor, al irresponsable, al aprovechador, al arrogante, al ladrón, al egoísta, al mal actor.
Pero es por ahí donde debo empezar. De otra manera estoy condenando a mi país a transitar repetitivamente en el mismo circuito perverso.
Quizá ese sea un buen comienzo. Poder encontrar y modificar en nosotros mismos todo lo que tanto repudiamos en los protagonistas del día a día. Mirarnos en ese gran espejo multitudinario que es nuestra patria.
Y, entonces, cada vez habrá más peruanos del año. 

2 comentarios:

Aura dijo...

te leo y te siento un poquito mas cerca...

Joaquín Vargas dijo...

que lindo saber que todavía me lees