martes, 13 de diciembre de 2011

los tres

Durante varios años fuimos dos y compartimos el cuarto, los juguetes y los castigos. Dos hermanos pueden hacer de un verano una vida entera y un carnaval de un vaso con agua.
Cuando nos mudamos a vivir a la enorme casa de mis abuelos ya éramos tres. Al principio Riki, por ser el menor, obedecería todo lo que Miki y yo propusiésemos. Bueno, casi todo. Riki siempre ha sido un tipo de ideas fijas. Él nos ha visto crecer ubicado a una distancia de ocho años. También nos ha visto partir y nosotros lo hemos visto llegar a darnos el encuentro convertido en el hermano mayor, cuando solo contaba con cinco años.
Fueron años difíciles para los tres, aunque esa separación de medio año nos acercó de manera más profunda.
Anoche caminábamos por alguna calle de Magdalena buscando un café. Nuestro paso y la irregularidad de las veredas nos hacía cambiar de posiciones constantemente y cuando me di cuenta caminaba flanqueado por mis dos hermanos y pensé en decirles que siempre me había sentido así, en medio de los dos como un rey resguardado por sus torres. A medida que avanzamos las posiciones se fueron alterando en todas las combinaciones posibles. Esa noche nos dijimos cosas que nunca nos habíamos dicho. Desde nuestra arrinconada mesa de restaurante estuvimos resolviéndonos mutuamente. 
Anoche pensé, también, que deberíamos juntarnos más seguido. Solo los tres. Y sentarnos a decirnos lo que sea, a matar zombies o a almorzar un cebiche en El Muelle.
Hoy los he visto a los dos por separado y sin necesidad de convocarlos. Miki llegó silbando a mi trabajo a la hora del almuerzo y Riki me propuso encontrarnos en El Olivar para jugar con su hija. 
Siempre hemos sido muy unidos. Más unidos que muchos de los hermanos que conozco. Hoy lo confirmé mientras Miki se alejaba con su día ocupadísimo a cuestas y cuando llegué al Olivar en mi bicicleta y vi de lejos a Riki caminando con Rafaela, allá, lejos de mí. 
Otro verano se instala entre nosotros y nos encuentra distintos pero igual de juntos.
Y ellos me regalan el mejor ejemplo fundando, valientes, sus vidas.

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