domingo, 8 de julio de 2012

Ex libris

Yo tenía tantos libros que cuando llegó el momento de volver acumulé nueve cajas repletas y pesadísimas. En esas nueve cajas faltaban los al rededor de veinte libros que consultaba cotidianamente y que no podían ser embalados sino hasta último minuto. Lo que terminó sucediendo, porque la vida a veces te enfrenta a este tipo de cosas, es que desembarqué solo con unos veinte libros tratando de olvidarme del día en que me tuve que separar de los demás. Me salvaron la vida mis libros. Me compraron mi pasaje de retorno al sur. Y esto no es cualquier cosa, no por el precio del pasaje al sur sino por la relevancia de mi regreso (aunque sea solo para mí mismo) y de la precaria situación financiera en la que me encontré a último minuto, porque cuando uno trasplanta sus raíces muchísimas cosas suceden a último minuto.
La selección que habita mi modesto librero limeño de hoy en día es representativa de la magnificencia que se respiraba en el aire cuando me refería a "mi biblioteca": Cortázar, Poe, Gelman, Rulfo, Saramago, Huidobro, Murakami, José Emilio, Julio Ramón, Jorge Luis, viejas y queridas ediciones que le saqué a mi padre de su voluble biblioteca, la mayoría de mis cuentos ilustrados (porque siempre me he imaginado leyéndole a mi(s) hij@(s)), los valientes que emprendieron conmigo la aventura mexicana hace más de una década, un enorme volumen con las obras completas de Shakespeare, una edición de Macbeth ilustrada por Dalí que me regaló uno de mis hermanos mexicanos. 
Separarme de los demás fue, sobre todo, tristísimo. Todavía me levanto a buscar al librero uno de los libros que se quedaron en México porque una parte de mí todavía los sabe a la mano. 
Dondequiera que estén, todas esas páginas han sentido el peso de mi mirada, se han dejado citar y subrayar por mis impulsos creativos que a veces no pasaban de eso, una cita o una frase subrayada en alguna página perdida de un libro.
En silencio espero el día en que me toparé con algunos de ellos en sus estantes de las versiones limeñas de Donceles y Úrsulo Galván, para leernos y releernos.
Supongo que es solo cuestión de tiempo.

2 comentarios:

la_barata dijo...

Tampoco tienes El Principito? Siempre me recuerda a ti. Se lo compré a Samuel y le conté que tú me lo hábías "presentado". Gracias :)

Joaquín Vargas dijo...

my pleasure :)