viernes, 3 de agosto de 2012

intento (¿fallido?) de apología del (la) hipócrita


Escribe Chomsky que la hipocresía es la negativa a "...aplicar en nosotros mismos los valores que aplicamos en otros, (...) promueve injusticias (...) en un marco de autoengaño, que incluye la noción de que la hipocresía por sí misma es una parte (...) benéfica del comportamiento humano y la sociedad".
El (la) hipócrita parece tener una deficiencia en la habilidad de decidir respecto a los ideales y sentimientos propios sobre sí mismo (a). Debido a este estado de incertidumbre, el (la) hipócrita se ve en la necesidad de mostrar una cara que no corresponde a los sentimientos sobre los que se duda (o no se quiere aceptar) mientras se supera el impasse, que en realidad es muy difícil superar y que a su vez genera nuevas razones y escenarios en los que reproducir la hipocresía. Estado común en la humanidad.
Considero que iniciar una discusión a partir de los comentarios o las acciones de un (a) hipócrita sería una pérdida de tiempo y, también, sería injusto. El (la) hipócrita responde con máscaras. Se agazapa en su rincón triste a creer que nadie ve los burdos elásticos que sostienen su careta. Solo alguien sin corazón arremetería con argumentos contra el indefenso estado de pánico provocado por el limbo emocional en el que el (la) hipócrita se ha visto instalado (a) a pesar suyo.
La vida me ha enseñado a no emitir juicios de valor y yo llevo años tratando de aprender. Con todo esto, lo que quiero dejar en claro es que trato siempre de comprender al otro (a), de ser lo más empático posible porque es lo que he esperado de los demás cuando el que la cagó horrible fui yo.
Esperaré aquí a que la hipocresía pierda el partido decisivo por walk-over porque es muy difícil intentar crear un vínculo afectivo en estos términos. 
Y porque detrás de la triste careta siempre hay alguien mucho mejor.

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