sábado, 9 de febrero de 2013

Querida Serpiente de Agua,


creo que tus fechas coinciden más con las mías porque este treinta y uno de diciembre último me encontró todo enredado en la vorágine de asuntos por resolver que fui acumulando. 
Recién ahora, entrado febrero, me siento un poco más apto para decir feliz año nuevo como quien retrocede unos pasos y mira su obra desde lejos, todo manchado de pintura y bebiendo los últimos sorbos de un café ya frío pero que todavía sabe bien. 
Yo no creo en eso de "ya quiero que se acabe el año". Prefiero involucrarme lo más posible en el proceso (aunque lo haya venido pateando durante varios meses) y terminar por resolverlo a último minuto.
Creo, también, en todas las fuerzas que son aplicadas en nosotros o que nos jalan, convirtiéndonos en una suerte de Túpac Amarus cósmicos, sobre todo cuando te toca tu año, Dragón, y todos los dedos del universo buscan ubicarse en las grietas que pensaste que no se iban a notar pero por las que se venía drenando de a pocos mucho.
Pero este Dragón no solo ha traído tareas difíciles. Una noche de luces en el cielo me regaló la sonrisa del que escucha un sí por segunda vez, ahora que estamos más grandes, que estamos más cerca que antes.
Querida Serpiente de Agua, te escribo estas líneas para decirte que te hemos estado esperando. Esta noche, desde la terraza, brindaremos a tu salud. Y a la nuestra, porque nos encuentras más grandes, más cerca que antes.

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