jueves, 13 de marzo de 2014

un buen tipo


Hace muchos años me fui con mi papá a New York. Éramos los dos solos caminando esas calles que él me llevaba varios años de ventaja imaginando. El viaje incluía un tour por la ciudad del cuál solo aguantamos los primeros 40 minutos y a la primera distracción del guía nos bajamos del bus y corrimos a escondernos en uno de esos cafecitos del barrio italiano en los que uno podría pasarse la vida sentado releyendo la cartelera.
Hasta el día de hoy ese viaje me dejó con la sensación de que New York tiene algo guardado para cada una de las personas que han pasado o pasarán por ella. O al menos te inocula esa sensación desde el primer instante del cotejo.
Una vez libres del tour y su guía, caminamos y caminamos. Mi papá me compró el reloj más bello que he visto en mi vida (mismo que años después me robarían en la esquina de Benavides con Caminos del Inca) en la tienda de relojes más linda que he visto en mi vida. Nos encontramos un paraguas negro minutos antes de que empiece a llover. Y eso nos pareció mágico como casi todo lo que pasaba a nuestro al rededor.
Desayunamos en una de esas bodegas que venden de todo, almorzamos en uno de los restaurantes con vista la pista de hielo que había en el Rockefeller Center y cenamos en Sardi's.
Estuvimos en los teatros. Nos subimos a un yellow cab. Y casi perdemos el vuelo de regreso.
Mi papá es un buen tipo. O al menos su intención siempre ha sido serlo. Puedo dar fe de ello. Tengo varias cosas que quisiera reprocharle, pero ese es otro tema. Pienso que tipos como yo siempre tendremos algo que reprocharle a alguien.
No sé bien por qué comencé a escribir esto. Supongo que hay días en los que prefiero ver pasar la tarde tomando un espresso es uno de esos cafecitos del barrio italiano y recordar que mi padre es un buen tipo.


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